1Bendito sea el SEÑOR, mi roca, quien entrena mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla.

2Tú eres mi pacto de fidelidad y mi fortaleza, mi torre alta y Aquel que me rescata, mi escudo y Aquel en quien tomo refugio, Aquel que doblega naciones debajo de mí.

3SEÑOR, ¿qué es el hombre para que le tomes en consideración, o el hijo de hombre para que pienses en él?

4El hombre es como un aliento; sus días son como una sombra pasando.

5Haz que el cielo se hunda y se venga abajo, SEÑOR; toca las montañas y hazlas humo.

6Envía destellos de relámpagos y esparce a mis enemigos; dispara tus flechas y regrésalos en confusión.

7Extiende Tu mano desde arriba; rescátame de las muchas aguas, de la mano de extranjeros.

8Sus bocas hablan mentiras, y su mano derecha es falsedad.

9Yo cantaré una nueva canción a ti, Dios; en un arpa de diez cuerdas yo cantaré alabanzas a ti,

10Quien da salvación a reyes, Quien rescata a David, tu siervo, de una espada malvada.

11Rescátame y libérame de la mano de extranjeros. Sus bocas hablan mentiras, y su mano derecha es falsedad.

12Que nuestros hijos sean como plantas que crecen a su tamaño completo en su juventud y nuestras hijas sean como pilares de esquina tallados, bien formados como los de un palacio.

13Que nuestros almacenes estén llenos con cada tipo de producto, y que nuestras ovejas produzcan miles y diez miles en nuestros campos.

14Entonces nuestros bueyes tendrán muchas crías. Nadie atravesará nuestras murallas; no habrá ningún exilio y ningún lamento en nuestras calles.

15Bendito es el pueblo con tales bendiciones; feliz es el pueblo cuyo Dios es el SEÑOR.

© 2026 Lector Bíblico. Todos los derechos reservados.
📱 App Android