1A Joab se le dijo: "Mira, el rey está llorando y de luto por Absalón."

2Así que la victoria ese día se tornó en luto para todo el ejército, pues el ejército escuchó decir ese día: "El rey está de luto por su hijo."

3Los soldados tuvieron que escabullirse silenciosamente en la ciudad ese día, como gente que está avergonzada se escabuye cuando ellos corren de la batalla.

4El rey cubrió su cara y gritó en voz alta: "¡Mi hijo Absalón, Absalón, mi hijo, mi hijo!"

5Luego Joab entró en la casa donde estaba el rey y le dijo: "Hoy tu has avergonzado los rostros de todos tus soldados quienes salvaron tu vida y las vidas de tus hijos, de tus hijas y las vidas de tus esposas y las vidas de tus esposas esclavas.

6Porque tu amas a esos quienes te odian y tu odias a esos quienes te aman. Pues hoy has demostrado que los comandantes y soldados son nada para ti. Hoy yo creo que si Absalón hubiera vivido y todos nosotros hubiéramos muerto entonces eso te hubiera agradado.

7Ahora entonces levántate y sal afuera y háblale bondadosamente a tus soldados pues juro por El SEÑOR que si no vas ni un hombre se quedará contigo esta noche. Eso sería peor para ti que todos los desastres que te han ocurrido desde tu juventud hasta ahora."

8Así que el rey se levantó y se sentó en la puerta de la ciudad y le fue dicho a todos los hombres: "Miren, el rey está sentado en la puerta." Luego todo el pueblo vino ante el rey. Pero Israel huyó cada hombre a su hogar.

9Todo el pueblo estaba discutiendo, los unos con los otros, entre todas las tribus de Israel diciendo: "El rey nos rescató de la mano de nuestros enemigos. Él nos salvó de la mano de los filisteos, pero ahora ha huído del país a causa de Absalón.

10Y Absalón, a quien nosotros ungimos sobre nosotros, está muerto en batalla. Así que, ¿por qué no estamos hablando acerca de traer al rey de vuelta?"

11El rey David envió a Sadoc y Abiatar los sacerdotes diciendo: "Hablen a los ancianos de Judá diciendo: '¿Por qué son ustedes los últimos en traer al rey de vuelta a su palacio, cuando el hablar de todo Israel favorece al rey para traerlo de vuelta a su palacio?

12Ustedes son mis hermanos, mi carne y hueso. ¿Por qué entonces son los últimos en traer al rey de vuelta?'

13Y dile a Amasa: '¿No eres tú mi carne y hueso? Me haga ésto Dios a mí, o más, si no eres el capitán de mi ejército de ahora en adelante en lugar de Joab.'"

14Y él ganó el corazón de todos los hombres de Judá, como un sólo hombre, y así ellos enviaron al rey diciendo: "Regresa tú y todos tus hombres."

15Así que el rey regresó y vino al Jordán y los hombres de Judá vinieron a Gilgal para ir a encontrarse con el rey para escoltarlo al otro lado del Jordán.

16Simei, hijo de Gera, el benjamita, quien era de Bahurim, se apresuró junto a los hombres de Judá para encontrarse al rey David.

17Habían mil hombres de Benjamín con el y Siba siervo de Saúl y sus quince hijos y veinte siervos con él. Ellos cruzaron el Jordán en presencia del rey.

18Cruzaron para traer a toda la familia del rey y para hacer lo él pensara que fuera bueno. Simei, hijo de Gera, se inclinó ante el rey justo antes de comenzar a cruzar el Jordán.

19Simei le dijo al rey: "No me considere culpable mi amo o traiga a memoria lo que su siervo obstinadamente hizo ese día que mi señor el rey dejó Jerusalén. Por favor, que el rey no lo lleve a su corazón.

20Pues tu siervo sabe que yo he pecado. Verás, por eso es que he venido aquí hoy como el primero de toda la familia de José en venir a encontrarme con mi amo, el rey."

21Pero Abisai, hijo de Sarvia, le respondió y dijo: "¿No debería Simei ser ejecutado por ésto, porque maldijo al ungido del SEÑOR?"

22Luego David dijo: "¿Qué tengo que ver con ustedes, hijos de Sarvia, para que hoy deban ser adversarios para mí? ¿Será algún hombre ejecutado hoy en Israel? ¿Pues no sabré yo que hoy soy rey sobre Israel?"

23Así que el rey le dijo a Simei: "No morirás." Así el rey se lo prometió con un juramento.

24Luego Mefiboset, hijo de Saúl, descendió a encontrarse con el rey. No vistió sus pies ni recortó su barba ni lavó sus ropas desde el día que el rey se fue hasta el día que regresó a casa en paz.

25Así que, cuando vino de Jerusalén a encontrarse al rey, el rey le dijo a él: "¿Por qué no te fuiste conmigo, Mefiboset?"

26El les respondió: "Mi amo el rey, mi siervo me engañó; pues dije: 'Voy a ensillar un burro para montarlo e irme con el rey pues tu siervo es lisiado.'

27Mi siervo Siba me ha difamado ante mi amo el rey. Pero mi amo, el rey, es como un ángel de Dios. Por lo tanto, haz lo que es bueno en tus ojos.

28Pues toda la casa de mi padre eran hombres muertos ante mi amo, el rey, pero tú sentaste a tu siervo junto con los que comen en tu propia mesa. ¿Qué derecho tengo entonces, para seguir rogando más al rey?"

29Luego el rey le dijo a él: "¿Por qué continuar explicando más? He decidido que Siba y tú se dividirán los campos."

30Así que, Mefiboset le respondió al rey: "Sí, deje que él lo tome todo ya que mi amo el rey ha regresado a salvo a su propia casa."

31Luego Barzilai, el galaadita, descendió desde Rogelim para cruzar sobre el Jordán con el rey y lo acompañó sobre el Jordán.

32Ahora Barzilai era un hombre muy viejo de ochenta años de edad. Él había equipado al rey con provisiones, mientras se quedó en Mahanaim, porque el era un hombre muy rico.

33El rey le dijo a Barzilai: "Ven conmigo y yo proveeré para ti para que te quedes conmigo en Jerusalén."

34Barzilai le respondió al rey: "¿Cuántos días más restan en los años de mi vida para que deba yo subir con el rey a Jerusalén?

35Yo tengo ochenta años de edad. ¿Puedo distinguir entre el bien y el mal? ¿Puede tu siervo probar lo que yo como o bebo? ¿Puedo escuchar la voz de hombres y mujeres cantantes? ¿Por qué entonces tu sirviente debería ser una carga para mi amo el rey?

36A tu siervo solo le gustaría ir sobre el Jordán con el rey. ¿Por qué el rey debe pagarme con tal recompensa?

37Por favor, deja que tu siervo regrese a casa, para que yo pueda morir en mi propia ciudad, al lado de la tumba de mi padre y mi madre. Pero mira, aquí está su siervo Quimam. Que el cruce con mi amo, el rey, y haga por él lo que te parezca bien a ti."

38El rey respondió: "Quimam irá conmigo y haré por él lo que te parezca bueno a ti y lo que sea que desees de mí yo haré eso por ti."

39Luego toda la gente cruzó el Jordán, y el rey cruzó sobre él, y el rey besó a Barzilai y lo bendijo. Luego Barzilai regresó a su propia casa.

40Así que el rey cruzó a Gilgal y Quimam cruzó con él. Todo el ejército de Judá trajo al rey y también a la mitad del ejército de Israel.

41Pronto todos los hombres de Israel comenzaron a venir al rey y le decían: "¿Por qué nuestros hermanos, los hombres de Judá, te robaron y trajeron al rey y su familia sobre el Jordán y todos los hombres de David con él?"

42Así que, los hombres de Judá respondieron a los hombres de Israel: "Es porque el rey está más estrechamente relacionado con nosotros. ¿Por qué están ustedes molestos con esto? ¿Hemos comido algo por lo que el rey ha tenido que pagar? ¿Nos ha dado él algún regalo a nosotros?"

43Los hombres de Israel le respondieron a los hombres de Judá: "Tenemos diez tribus relacionadas con el rey, así que tenemos aún más derecho a David que ustedes. ¿Por qué ustedes nos desprecian? ¿No fue nuestra propuesta de traer de regreso al rey la primera en ser escuchada?" Pero las palabras de los hombres de Judá eran más duras que las palabras de los hombres de Israel.

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